En las mesas de decisión de las grandes empresas, y empujado muchas veces por la lógica de cierta eficiencia, resuena una idea: “no nos casemos con nadie. Diversifiquemos proveedores para bajar costos y reducir dependencia”. Es una lógica potencialmente válida para comprar insumos de oficina. Pero, ¿es válida para gestionar la reputación de tu compañía?